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Bolsa de maternidad
18 junio 2015
Hace unos días recibí un mail de mi amiga Ana, que está a punto de dar a luz, y me preguntaba lo que debería tener en cuenta a la hora de hacer la bolsa para llevar al hospital el día del parto. A pesar de que ya hay miles de blogs que te lo cuentan, quería dar mi pequeño granito de arena.
Es algo muy personal, aquí voy a aconsejar lo que a mí me sobró y me faltó, pero estas cosas ya sabéis que van por gustos.


El Parto... (Parte 2)
15 enero 2015
Si bien empecé a contaros mi parto aquí. Ahora vengo a contaros el final... Os aconsejo leer antes la Parte I, así podréis entender mejor mi historia.
Allá va:
Pasaron unas horas más, y durante este tiempo entraban la ginecóloga y la matrona juntas. Me medían, comprobaban pulsaciones, etc. Pero seguían con el mismo discurso y salían de nuevo.
Fuimos testigo de una pequeña discusión entre ellas, por si me aumentaban la dosis de Oxitocina o no... La ginecóloga quiso cuadruplicar la dosis, mientras que la matrona le pidió que me dejasen tiempo con la que ya tenía puesta... Al final ganó la ginecóloga. 10 min después sí llegó el dolor intenso. No me podía tener en pie, no me podía tener sentada en la fit ball, me daba miedo caer, así que pedí volver a la cama...
Empezó a sonar un pitido fuerte, nos miramos y buscamos de dónde venía... Era la máquina de mi izquierda, en la que monitorizan al bebé... vino una enfermera que no habíamos visto antes y paró el pitido y salió diciendo que no era nada.
Pasó una segunda vez, ahí entró la matrona, paró la máquina, la reinició y ante mis preguntas de parturienta asustadiza, me dijo que no me preocupase, que se debía haber descolocado la especie de ventosa que monitoriza al bebé.
Yo seguía sin dilatar, pero con dolores terribles, ahí me acordé de mi abuelo, hacía poco que había fallecido, y debía estar junto a la abuela, dándome fuerzas en ese momento. Volví a sentirme empoderada, con fuerzas para nuevamente seguir.
Me concentré, mi barriga, mi hijo, mi útero... Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii... Pitido estridente de nuevo. Nos volvimos a mirar fijamente, y esta vez ya supe que algo pasaba. Al momento entraron la matrona y la ginecóloga, muy decididas. Mientras me "desataban" del monitor, me explicaron así a lo rápido, que como yo no estaba dilatando y el niño ya quería salir estaba sufriendo, y que esos pitidos era su corazón que se paraba. Ya habían estado preparando el quirófano y me llevaban directamente a cesárea. No podían esperar más.
Me quedé perpleja, todo el dolor del mundo se concentró en mi corazón y en el estómago. Pude ver el miedo en la cara de mi marido, aunque su boca me decía "Tranquila, que todo irá bien"...
Me sentí derrotada, no había otra salida, me prepararon y en menos de 4 min me metieron a quirófano.
Tuve una dura sensación de frío, de soledad, quería que mi marido estuviese allí y no podía ser. Quería que mi hijo naciese de forma natural, y no podía ser...
Epidural, relajante en la vía y empezaron. Sé cuándo cortaron, no dolía, pero lo noté... me dieron tremendas sacudidas para sacar al pequeño, una vez fuera no lloró... En ese momento me puse nerviosa, y lloré yo pensando en lo peor.
13:52 hrs... 2,760 Kg.
En seguida me lo pusieron al lado de la cara, y pude ver que, aunque no había llorado, el bebé estaba perfectamente. Me lo sostuvo una enfermera al lado de la cara, mientras mi pequeño me tocaba por primera vez las mejillas, los labios, los ojos, se le veía sereno... No pude contener las lágrimas de alegría.
Se lo llevaron, y al separarlo de mí fue cuándo empezó a llorar, fuerte, muy fuerte... mi niño, mamá te oía, pero no podía ir contigo.
Los siguientes minutos parecieron eternos... No iban a terminar nunca de coserme?. Sabía que el peque estaba bien, lo habían llevado con el papi y el pediatra, que estaban esperando en una sala anexa.
Sé que mi parto podría haber sido de otra manera, sé que no me respetaron, y que quizás si hubiesen dejado a mi cuerpo ir a su ritmo, podría haber parido en cuclillas, como antaño, gritando a la luna para que me diese más fuerzas. Pero, a pesar de todo, no fue traumático. Tengo a mi bebé sano conmigo, y lo llevo disfrutando desde el minuto cero.
Así fue mi parto, la llegada al mundo de mi pequeño. ¿Cómo fue el vuestro?
Hasta el próximo post!
Eli & J.
Allá va:
Pasaron unas horas más, y durante este tiempo entraban la ginecóloga y la matrona juntas. Me medían, comprobaban pulsaciones, etc. Pero seguían con el mismo discurso y salían de nuevo.
Fuimos testigo de una pequeña discusión entre ellas, por si me aumentaban la dosis de Oxitocina o no... La ginecóloga quiso cuadruplicar la dosis, mientras que la matrona le pidió que me dejasen tiempo con la que ya tenía puesta... Al final ganó la ginecóloga. 10 min después sí llegó el dolor intenso. No me podía tener en pie, no me podía tener sentada en la fit ball, me daba miedo caer, así que pedí volver a la cama...
Empezó a sonar un pitido fuerte, nos miramos y buscamos de dónde venía... Era la máquina de mi izquierda, en la que monitorizan al bebé... vino una enfermera que no habíamos visto antes y paró el pitido y salió diciendo que no era nada.
Pasó una segunda vez, ahí entró la matrona, paró la máquina, la reinició y ante mis preguntas de parturienta asustadiza, me dijo que no me preocupase, que se debía haber descolocado la especie de ventosa que monitoriza al bebé.
Yo seguía sin dilatar, pero con dolores terribles, ahí me acordé de mi abuelo, hacía poco que había fallecido, y debía estar junto a la abuela, dándome fuerzas en ese momento. Volví a sentirme empoderada, con fuerzas para nuevamente seguir.
Me concentré, mi barriga, mi hijo, mi útero... Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii... Pitido estridente de nuevo. Nos volvimos a mirar fijamente, y esta vez ya supe que algo pasaba. Al momento entraron la matrona y la ginecóloga, muy decididas. Mientras me "desataban" del monitor, me explicaron así a lo rápido, que como yo no estaba dilatando y el niño ya quería salir estaba sufriendo, y que esos pitidos era su corazón que se paraba. Ya habían estado preparando el quirófano y me llevaban directamente a cesárea. No podían esperar más.
Me quedé perpleja, todo el dolor del mundo se concentró en mi corazón y en el estómago. Pude ver el miedo en la cara de mi marido, aunque su boca me decía "Tranquila, que todo irá bien"...
Me sentí derrotada, no había otra salida, me prepararon y en menos de 4 min me metieron a quirófano.
Tuve una dura sensación de frío, de soledad, quería que mi marido estuviese allí y no podía ser. Quería que mi hijo naciese de forma natural, y no podía ser...
Epidural, relajante en la vía y empezaron. Sé cuándo cortaron, no dolía, pero lo noté... me dieron tremendas sacudidas para sacar al pequeño, una vez fuera no lloró... En ese momento me puse nerviosa, y lloré yo pensando en lo peor.
13:52 hrs... 2,760 Kg.
En seguida me lo pusieron al lado de la cara, y pude ver que, aunque no había llorado, el bebé estaba perfectamente. Me lo sostuvo una enfermera al lado de la cara, mientras mi pequeño me tocaba por primera vez las mejillas, los labios, los ojos, se le veía sereno... No pude contener las lágrimas de alegría.
Se lo llevaron, y al separarlo de mí fue cuándo empezó a llorar, fuerte, muy fuerte... mi niño, mamá te oía, pero no podía ir contigo.
Los siguientes minutos parecieron eternos... No iban a terminar nunca de coserme?. Sabía que el peque estaba bien, lo habían llevado con el papi y el pediatra, que estaban esperando en una sala anexa.
Sé que mi parto podría haber sido de otra manera, sé que no me respetaron, y que quizás si hubiesen dejado a mi cuerpo ir a su ritmo, podría haber parido en cuclillas, como antaño, gritando a la luna para que me diese más fuerzas. Pero, a pesar de todo, no fue traumático. Tengo a mi bebé sano conmigo, y lo llevo disfrutando desde el minuto cero.
Así fue mi parto, la llegada al mundo de mi pequeño. ¿Cómo fue el vuestro?
Hasta el próximo post!
Eli & J.

El Parto...(Parte I)
Llegó el momento. Y es que teniendo un blog
dedicado a las mamis y a los bebés, ¿Cómo iba a librarme de contar mi parto?
Todos los partos tienen ese toque de magia, ese momento especial en el que ves por primera vez a tu bebé, el verdadero amor de tu vida. El mío no fue diferente, para mí podría haber sido de otra manera. De hecho no fue el parto que imaginaba, aunque supongo que para nadie lo es.
Semana 37 de embarazo. Durante la recta final del embarazo he estado levantándome unas 6 o 7 veces cada noche, las que hayáis pasado por eso sabéis lo coñazo que es...
Y esta noche es igual. 05:45 de la mañana (aprox.), tengo muchas ganas, me levanto corriendo, y en mitad del pasillo noto que me he hecho pis encima... Buf!, no he llegado, que mal. Hacía muchos años que no me lo hacía encima.
Llego al wc, enciendo la luz y me dispongo a cambiarme, pero de pronto se me enciende la bombilla... Sigo goteando, y ahí ya me "mosqueo", a ver si he roto aguas y no es pis.
Creo que me quedé unos 5 o 6 minutos mirándome la tripa en el espejo, acariciándola, sabiendo que mi bebé había decidido adelantarse a la fecha prevista y salir ya a conocernos.
Con un ladrido de la perra volví a la tierra, me duché tranquila, saboreando el momento, imaginándome cómo sería su carita. En ese momento sentía que tenía el corazón enooorme, con mucho amor para entregarle, el amor que había acumulado durante tanto tiempo, y era sólo para mi bebé.
Salí de la ducha, me vestí, seguía saliendo líquido amniótico, poco, pero seguía. La verdad es que cuándo en las clases de preparación al parto nos hablaban de "Romper Aguas", me lo imaginaba como en las películas, un gran charco cayendo de repente por las piernas de la madre. Y en mi caso no fue así, salía despacio, en cada movimiento de mi pelvis.
Preparé el desayuno, tostadas, café y zumo. Lo dejé bien presentado, sobre la mesa del salón. Revisé la bolsa que tenía que llevar al hospital y volví a recontar los bodys, patucos y pañales que llevaba para el bebé. Me sentía tranquila, en un momento zen. Respiré hondo y entré en la habitación, donde el #buenmarido seguía durmiendo. Me acerqué despacio, me senté a su lado y lo acaricié. Respondió con un gesto de "déjame dormir un poquito más", volví a tocarle y le dije "Cariño, he roto aguas".
Se sentó de golpe en la cama, con los ojos como platos. Nos miramos y supimos que ese sería el gran día.
Él estaba algo más nervioso. Yo le propuse desayunar tranquilos, pero le parecía que no era el momento de comer nada aunque al final se sentó y picó.
Avisamos a mis padres y hermana, para que supiesen que íbamos para el hospital.
Yo seguía bastante entera, tenía algún dolorcito, pero nada exagerado ni como para ponerse a gritar (volvía a creer que pasaría como en las películas, que al momento te daban unos dolores de muerte).
Llegamos al hospital, llamaron a la matrona que estaba de guardia, cosa que pareció no hacerle mucha gracia por la cara que puso al llegar.
"Amablemente" me examinó, y me dijo que nanai, que no estaba nada dilatada y que íba para rato. No importaba, no teníamos ni prisa ni nada mejor que hacer que traer a nuestro hijo al mundo.
Las siguientes horas en paritorio fueron lentas, empezaron los dolores, no me sentía cómoda de ninguna manera, me senté en la fit ball, pero seguía saliendo el líquido y me resultaba desagradable estar manchándolo todo.
Me centré en mi cuerpo, en mi bebé, en que se abría paso a través de mí, en cada contracción lo sentía fuerte, poderoso, con ganas de venir al mundo. No quería saber nada de mi alrededor, sólo cerrar los ojos y ayudar a mi pequeño en el vaivén de su viaje.
Cuándo tuve unos segundos de descanso los abrí, vi a mi pareja en frente, caminando nervioso alrededor del paritorio y mirándome con cara de "dime qué hacer para ayudarte". Fue entonces cuándo vi que me habían puesto un gotero.
En cuánto volvió a entrar la matrona le pregunté qué era eso... "Oxitocina, lo que ahora necesitas", se aventuró a decirme. Ahí quedó claro que nadie se había leído mi plan de parto, que no había servido de nada redactarlo y entregarlo. No sólo no quería oxitocina, había muchas otras cosas que no quería dejar en el tintero y que pensé que era importante señalar. Aunque había aleccionado bien a mi buen marido durante los últimos meses, tampoco él se dio cuenta de que me habían puesto el gotero.
No quise alterarme, no era el momento. Seguí concentrada, acompañando a mi útero en cada envestida.
En todas las visitas de la matrona, me hacía un tacto, para comprobar lo que había dilatado, y en todas ellas me decía lo mismo, que seguía verde y que todavía faltaba mucho. A pesar de eso, yo notaba al bebé con mucha fuerza, queriendo salir.
Continua aquí... (como comprenderéis, estaba quedando un post larguísimo)
Todos los partos tienen ese toque de magia, ese momento especial en el que ves por primera vez a tu bebé, el verdadero amor de tu vida. El mío no fue diferente, para mí podría haber sido de otra manera. De hecho no fue el parto que imaginaba, aunque supongo que para nadie lo es.
Semana 37 de embarazo. Durante la recta final del embarazo he estado levantándome unas 6 o 7 veces cada noche, las que hayáis pasado por eso sabéis lo coñazo que es...
Y esta noche es igual. 05:45 de la mañana (aprox.), tengo muchas ganas, me levanto corriendo, y en mitad del pasillo noto que me he hecho pis encima... Buf!, no he llegado, que mal. Hacía muchos años que no me lo hacía encima.
Llego al wc, enciendo la luz y me dispongo a cambiarme, pero de pronto se me enciende la bombilla... Sigo goteando, y ahí ya me "mosqueo", a ver si he roto aguas y no es pis.
Creo que me quedé unos 5 o 6 minutos mirándome la tripa en el espejo, acariciándola, sabiendo que mi bebé había decidido adelantarse a la fecha prevista y salir ya a conocernos.
Con un ladrido de la perra volví a la tierra, me duché tranquila, saboreando el momento, imaginándome cómo sería su carita. En ese momento sentía que tenía el corazón enooorme, con mucho amor para entregarle, el amor que había acumulado durante tanto tiempo, y era sólo para mi bebé.
Salí de la ducha, me vestí, seguía saliendo líquido amniótico, poco, pero seguía. La verdad es que cuándo en las clases de preparación al parto nos hablaban de "Romper Aguas", me lo imaginaba como en las películas, un gran charco cayendo de repente por las piernas de la madre. Y en mi caso no fue así, salía despacio, en cada movimiento de mi pelvis.
Preparé el desayuno, tostadas, café y zumo. Lo dejé bien presentado, sobre la mesa del salón. Revisé la bolsa que tenía que llevar al hospital y volví a recontar los bodys, patucos y pañales que llevaba para el bebé. Me sentía tranquila, en un momento zen. Respiré hondo y entré en la habitación, donde el #buenmarido seguía durmiendo. Me acerqué despacio, me senté a su lado y lo acaricié. Respondió con un gesto de "déjame dormir un poquito más", volví a tocarle y le dije "Cariño, he roto aguas".
Se sentó de golpe en la cama, con los ojos como platos. Nos miramos y supimos que ese sería el gran día.
Él estaba algo más nervioso. Yo le propuse desayunar tranquilos, pero le parecía que no era el momento de comer nada aunque al final se sentó y picó.
Avisamos a mis padres y hermana, para que supiesen que íbamos para el hospital.
Yo seguía bastante entera, tenía algún dolorcito, pero nada exagerado ni como para ponerse a gritar (volvía a creer que pasaría como en las películas, que al momento te daban unos dolores de muerte).
Llegamos al hospital, llamaron a la matrona que estaba de guardia, cosa que pareció no hacerle mucha gracia por la cara que puso al llegar.
"Amablemente" me examinó, y me dijo que nanai, que no estaba nada dilatada y que íba para rato. No importaba, no teníamos ni prisa ni nada mejor que hacer que traer a nuestro hijo al mundo.
Las siguientes horas en paritorio fueron lentas, empezaron los dolores, no me sentía cómoda de ninguna manera, me senté en la fit ball, pero seguía saliendo el líquido y me resultaba desagradable estar manchándolo todo.
Me centré en mi cuerpo, en mi bebé, en que se abría paso a través de mí, en cada contracción lo sentía fuerte, poderoso, con ganas de venir al mundo. No quería saber nada de mi alrededor, sólo cerrar los ojos y ayudar a mi pequeño en el vaivén de su viaje.
Cuándo tuve unos segundos de descanso los abrí, vi a mi pareja en frente, caminando nervioso alrededor del paritorio y mirándome con cara de "dime qué hacer para ayudarte". Fue entonces cuándo vi que me habían puesto un gotero.
En cuánto volvió a entrar la matrona le pregunté qué era eso... "Oxitocina, lo que ahora necesitas", se aventuró a decirme. Ahí quedó claro que nadie se había leído mi plan de parto, que no había servido de nada redactarlo y entregarlo. No sólo no quería oxitocina, había muchas otras cosas que no quería dejar en el tintero y que pensé que era importante señalar. Aunque había aleccionado bien a mi buen marido durante los últimos meses, tampoco él se dio cuenta de que me habían puesto el gotero.
No quise alterarme, no era el momento. Seguí concentrada, acompañando a mi útero en cada envestida.
En todas las visitas de la matrona, me hacía un tacto, para comprobar lo que había dilatado, y en todas ellas me decía lo mismo, que seguía verde y que todavía faltaba mucho. A pesar de eso, yo notaba al bebé con mucha fuerza, queriendo salir.
Continua aquí... (como comprenderéis, estaba quedando un post larguísimo)

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